Realineamientos de cara al próximo gobierno y a la 2da etapa de la Convención

Escribe Luciano Newen, 6 de enero del 2022

Todos los gobiernos concertacionistas han tenido mayoría sólo en una cámara, salvo Bachelet, que tanto en su primer como segundo gobierno, la tuvo en ambas. Lo inédito ahora es que la fuerza propia de AD apenas alcanza a 37 diputados y 5 senadores. Para revertir esta dificultad, Boric se referencia en el pacto portugués “jerigonza”, primo hermano de Podemos en España y de Francia Insumisa, que permitió al PS gobernar en solitario desde 2015 sin mayoría propia.

Finalizando su disputa de 4 décadas con el PC mediante acuerdos mínimos sobre políticas públicas, especialmente de terminar con las rebajas de salarios y jubilaciones, el Bloque de Izquierda (PS) portugués selló una coordinación en el Congreso que excluía la participación de los partidos en el gobierno para reforzarla a nivel parlamentario. Su objetivo fue la estabilidad y gobernabilidad tras el déficit fiscal que produjo el salvataje capitalista después de la crisis de 2008. El déficit se enfrentó solicitando en 2010 la suma de US$88 mil millones a la troika a cambio de un ajuste brutal contra trabajadores y jubilados.

De esta forma, el gobierno portugués aplicó una política derivada de los requerimientos del capital financiero que llegado el momento no permitió más concesiones, y exigió mayor control sobre los sindicatos para contener las tendencias a la huelga general y evitar la caída del gobierno.

La carrera por el gabinete y la disgregación política en CC

Por su parte, la derecha chilena discute cómo reconfigurar su coalición para borrar del mapa a la rebelión popular, la perspectiva revolucionaria de una asamblea constituyente libre y soberana, y mantener sólidos los pilares del sistema. La derecha busca a su nuevo líder y espera encontrarlo, como es la tradición, en el partido de la oposición con mayor representación en el Congreso.

Durante este mes de enero, la composición del próximo gabinete está en el centro de los debates. La complicación de Boric reside en qué participación tendrá el PC, tanto en ministros como en subsecretarios, y qué contrapeso tendrá el PS. Tellier, presidente del PC, sostiene que en el gabinete deben estar sólo quienes defiendan el programa de gobierno, pero que hay que dialogar con todos (sic). El PC exige el Ministerio del Trabajo para la expresidenta de la CUT Bárbara Figueroa, y que Camila Vallejos forme parte del Comité Político en el Ministerio de Mujer o en la Vocería de Gobierno. Las críticas de Jadue a Parisi tras primera vuelta vinieron como anillo al dedo a un Boric que utilizó esta justificación para no hacerlo parte de las negociaciones, y de este modo congraciarse con el Partido de la Gente, con el PRO y la ex concertación.

Por otro lado, la fecha para el término de la CC está fijada para el 5 de julio, y los partidos se inclinan por no prorrogar el trabajo por 3 meses más, lo que implicaría dejar de lado la participación de las comunidades. De hecho, ni siquiera comienza el proceso de consulta indígena, y las “iniciativas populares de norma”, que intentan bloquear la deliberación política y la participación de los trabajadores en el proceso, tienen bajísima participación, aun cuando ya varias han logrado las 15 mil firmas necesarias para su tratamiento. Cuando tras 6 meses de funcionamiento la CC ha estado entrampada en cuestiones formales y estatutarias, la más interesada en no prorrogar es la derecha. Este acuerdo general tiene el objetivo de evitar desde ya una crisis política, que podría generarse por la introducción de las demandas de octubre y la participación popular en la CC.

Habrá que ver, de todos modos, cómo se posiciona en este respecto María Elisa Quinteros que finalmente, tras inéditas 9 rondas de votaciones, con 78 preferencias, en una gran muestra de disgregación política en la CC, logró presidirla con apoyo de los Movimientos Sociales Constituyentes, de Pueblos Constituyentes, del PC y de Independientes No Neutrales. En esta instancia no recibió los votos del Frente Amplio, que respaldó a su candidata Beatriz Sánchez, ni del Partido Socialista, que lo hizo por Roberto Celedón.

Un escenario económico convulsivo

El INE informa cierta recuperación del mercado capitalista local basado en el hecho de que la tasa de desempleo cayó a 7,5%, recuperándose un 70% de los puestos de trabajo destruidos por el covid, y restando crear “solo” 500 mil para alcanzar los niveles pre-pandémicos. Sin embargo, la caída de la inversión anticipa que la creación de nuevos puestos de trabajo se frenará o disminuirá. Por esto, el gobierno saliente sugiere que el entrante motive la inversión, como ha hecho desde ya abriendo concursos para promover la explotación y comercialización de litio, aun cuando durante toda su gestión ha succionado los recursos del Estado para el salvataje económico de empresas y compañías privadas.

La fuga de capitales en el país es de US$50.000 millones en dos años, el equivalente a todo el presupuesto público de 2020, y la devaluación del tipo de cambio es de un 20% nominal en el año. Los economistas sostienen que medidas como los retiros desde las AFP y los IFEs, y la explosión del consumo asociado a ellos, generaron cambios estructurales en el sistema financiero y gatillaron una inflación galopante, al tiempo que coinciden en que hubo un gasto público desmedido y poco focalizado, que justificaría el reajuste de 22,4% para este año. Todos concuerdan que el crecimiento será mínimo y que habrá recesión a partir del segundo semestre de 2022, disparando las tasas de interés en desmedro de la inversión capitalista. La inflación, dicen, será al menos de un 7%, muy por sobre la estimación del BC de un 3%, con alzas muy significativas en las tasas de interés y con daño al mercado de capitales de largo plazo. También convienen en que el deterioro de las pensiones futuras por los retiros implicará mayores ayudas estatales: o se aumenta la deuda pública, o se generan pensiones mínimas.

Se suma a lo anterior la incertidumbre política frente al gobierno de Boric y la CC, además de la inseguridad respecto de cómo se desenvolverá la pandemia y sus nuevas variantes, que ya el 1 de enero registra casi 10 mil casos activos y 2 mil nuevos en el país, mientras que en EE.UU. más de un millón. 19 comunas, entre ellas Iquique, Valparaíso Viña del Mar y Temuco, han retrocedido en el plan paso a paso.

Las tareas de la clase obrera y los revolucionarios

La caracterización política de ascenso de un gobierno de tipo frente popular en Chile plantea agudamente la cuestión de la revolución y la contrarrevolución. En el marco de la crisis actual, un gobierno de conciliación de clases, por basarse en la contención política de las demandas de la rebelión y del programa de la clase obrera, abonará a una derecha que redoblará su mascarada populista para cuajar los límites de Boric. El objetivo del próximo gobierno será desmontar el “modelo neoliberal” maquillando los reclamos obreros y populares sobre la base de un nuevo proceso de reformas y concesiones, para una transición a “pasos cortos” según exigencias del capital financiero.

Las medidas del próximo gobierno y el desarrollo de la CC deberán ser profundamente discutidos por los trabajadores y sus organizaciones. Será preciso desenmascarar los intereses capitalistas en juego en cada uno de los proyectos para clarificar a los trabajadores y promover su intervención política autónoma en la crisis. La base de esta crítica reside en el hecho de que la rebelión popular y después la pandemia plantearon una serie de postulados y demandas irresueltas que deben servir para discutir y agitar un programa de conjunto sobre la base de una caracterización, posición y orientación frente a la crisis capitalista, de modo de contribuir al desarrollo de un programa socialista. Sin una caracterización del colapso del sistema, a la base, no hay perspectiva revolucionaria para la clase obrera.

Será preciso mantener la completa independencia política y que el debate pueda desarrollarse en los marcos de la libertad de crítica tanto dentro de las organizaciones y sindicatos, como también entre las organizaciones mismas. Esta es la base política y de principios de un frente único.

Recuperar los sindicatos para unificar las demandas y las luchas de los trabajadores. Unir a la clase obrera para que sea gobierno, implica discutir sobre un congreso de bases de trabajadores ocupados y cesantes, y de espacios que coordinen las demandas y las luchas.