Por un 2022 de luchas obreras y socialistas

Escribe Luciano Newen, 31 de diciembre del 2021

En el marco de una pandemia cuya gestión capitalista reproduce nuevas variantes como Ómicron, este 2021 estuvo marcado por un reguero de crisis políticas y rebeliones populares, y por la agudización de los conflictos interimperialistas en Medio oriente y Europa. Los ataques de Israel en la franja de Gaza, la ofensiva de la OTAN en Ucrania, el golpe de Estado y movilización popular en Sudán, la crisis financiera en China, la derrota de los yanquis en Afganistán, movilizaciones en Polonia a favor del aborto, huelgas en varios países contra la presencialidad escolar, y una ola de huelgas en EE.UU. contra la desocupación y en defensa de los salarios –por mencionar lo más destacado-, dan cuenta de esto. En América Latina, tenemos tentativas de golpe en Perú tras la victoria de Castillo, acusaciones constitucionales contra Bolsonaro por su política criminal en pandemia, luchas docentes en Paraguay por salario, masivas movilizaciones contra la restauración capitalista en Cuba y las medidas económicas que implica, y la rebelión popular colombiana contra la reforma tributaria y de salud que pretendía cargar la crisis sobre los trabajadores.

En este cuadro, la crisis humanitaria desata una migración sin precedentes, que se agudiza en un año protagonizado por una inflación que cierra en un 7%, por nuevas olas de covid que en total suman casi 40 mil muertes, por la inauguración de una CC que hasta aquí ha oficiado de apéndice estatal, por una acusación constitucional contra Piñera tras escándalo de los Pandora Papers, por el 3er retiro de fondos previsionales de millones de dólares, por la quiebra de Latam y su deuda con las AFP, AFC y Banco Estado, por una subida histórica de las tasas de interés del 4%, por el asesinato de luchadores sociales, por el rechazo a la Ley del indulto y anulación de causas a los presos políticos, por el reforzamiento de la militarización en el Wallmapu, y por el triunfo de Boric en las presidenciales ante el fascista Kast, como un pronunciamiento masivo por el fin del régimen pinochetista –entre otros aconteceres. Todos, fenómenos que hemos discutido al interior del POR cuyos debates han sido publicados en nuestras plataformas y difundidos en nuestra prensa.

Cuando la tasa de desempleo es embellecida por las cifras oficiales con un 7,5%, la disminución de presupuesto público de un 22% hasta los niveles pre-pandémicos para el pago de deudas en nombre de la “responsabilidad fiscal”, sugiere recortes en salud, educación y vivienda –las demandas más sentidas desde el estallido de la rebelión popular. El fin del IFE y los bonos Covid en el mes de diciembre están en línea con esto, y preparan el camino a la reactivación de la economía capitalista, con la que Boric y todos los partidos se han cuadrado. Desde la rebelión popular de 2019, Chile ha emitido el equivalente a US$29.000 millones en bonos que mayoritariamente han ido al salvataje económico del capital, completando el plan de endeudamiento para 2021.

En cambio, los trabajadores han recibido miserables ayudas estatales durante la pandemia, teniendo que sobrevivir, fundamentalmente, con sus ahorros previsionales y de cesantía. Ante los despidos masivos y groseros recortes salariales, las centrales sindicales burocráticas no han abierto la boca, implementando en todos los centros de trabajo el programa de rescate capitalista. El endeudamiento en las familias obreras alcanza al 85% de ellas y contempla el 75% de su capacidad adquisitiva, al tiempo que se plantea una gran crisis jubilatoria.

En la contracara, están vivas las reservas de la rebelión popular. Así lo demuestran las luchas del personal de salud por días de descanso y pago de bonos, el movimiento de mujeres y disidencias por sus reivindicaciones, de profesores por la titularidad docente, de pobladores por la expropiación de terrenos para la construcción de viviendas tituladas y sin deuda, y de variadas luchas en defensa del medio ambiente y contra las zonas de sacrificio. También ha habido decenas de huelgas en defensa del trabajo y el salario. Es el caso de los trabajadores subcontratados de Metro y de los conductores de Enex en Talcahuano por el pago íntegro de sus finiquitos, de BMW por la reincorporación de suspendidos, de Imprenta Ártica y Comercial Cosmoplas por pago de bonos, de las compañeras de Tottus por el fin a represalias, del conjunto de los trabajadores del comercio por el cierre a las 19.00 horas, de los pescadores artesanales contra el fin al impuesto específico de los combustibles, entre muchas otras.

La situación política exige este 2022 reunir las condiciones de una intervención política independiente de los trabajadores, para lo cual hemos impulsado sobre el final de año 2 plenarios abiertos que han tenido el objetivo de discutir en torno a la crisis capitalista, analizar la situación política, profundizar en el debate programático, y fijar una campaña de debates y pronunciamientos con organizaciones que se reclaman del trotskismo y de la izquierda revolucionaria en general.

En esta misma línea, tomamos la iniciativa junto a otros dirigentes y activistas de desarrollar la Corriente Clasista de Trabajadoras y la Coordinadora Sindical Clasista. Es esencial aunar todas las demandas en un programa de reivindicaciones transitorias de la clase obrera. En base al debate, definamos planes de lucha por un congreso de bases, y defendamos la vigencia de la asamblea constituyente libre y soberana hacia un gobierno obrero y socialista.