LAS TAREAS DE LAS TRABAJADORAS CONTRA LA CRISIS Y LA GUERRA

Por Partido Obrero Revolucionario, 7 de marzo de 2022.

Al ser un día de conmemoración y lucha, el día Internacional de las Trabajadoras nos permite balancear el estado actual de la crisis capitalista y la lucha de clases, sus causas y consecuencias, para desarrollar, a partir de estas, el programa y las tareas de una intervención independiente, con perspectiva obrera y socialista.  

Guerra y pandemia

La lucha de clases a nivel mundial se enmarca en el estado de descomposición social que se levanta sobre la contradicción entre el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones capitalistas de producción. Esta contradicción se ha expresado en los últimos años en la apertura de un nuevo periodo marcado por la guerra y la pandemia.

Al respecto, la guerra mundial encubierta que se desarrolla a través del conflicto ruso-ucraniano demuestra los límites infranqueables del capitalismo que históricamente se ve en la necesidad de la guerra como una forma de “proteger y acceder a nuevos mercados”. En esencia, la guerra, como extensión de la competencia capitalista, siempre se realiza en contra de la clase obrera que ve mermada aún más sus condiciones de vida, es objeto de una política represiva al interior de los estados y carga con el saldo de los muertos y heridos.

Pero los límites del capitalismo no quedan expuestos solo por la guerra. La pandemia ha hecho lo suyo, dando cuenta de la contradicción irreconciliable entre el capital, por un lado y la vida de los trabajadores del otro. Los procesos de vacunación son la base sobre la que se ha levanta la política burguesa de “nueva normalidad”, que busca transformar la pandemia en un resfrío común. Sobre el abandono de las cuarentenas y la frágil condición de vacunas sometidas al mercado, la política de los estados se ha centrado en mantener abierta la economía a costa de los millones de muertos por parte de la clase trabajadora.

La interrelación mundial del mercado capitalista hace que finalmente la guerra y la pandemia actúen sobre todo el orden mundial, convirtiéndose en factores de crisis en los respectivos regímenes nacionales.

La convención y el gobierno de Boric

La situación política en Chile, a su vez, se encuentra marcada por el descalabro político que se incuba en torno a la Convención Constitucional y el nuevo gobierno. A contrapelo de las esperanzas de los sectores democratizantes, que plantean una posible salida institucional a la crisis que se abrió con la rebelión, lo cierto, es que el panorama no avanzará si no es por una nueva irrupción de la lucha de masas, propiciada, en primer término, por el desarrollo de la crisis económica y migratoria -dinamizadas por la guerra y la pandemia- y en segundo, por las vacilaciones de estos sectores ante las imposiciones de la derecha.

El avance de la crisis en el país se hace sentir con fuerza con las zanjas anti-migrantes custodiadas por militares bajo el estado de excepción constitucional en la macro Zona Norte, y con las cifras sobre desaceleración económica, recesión, desempleo, trabajo informal e inflación que se esperan para este 2022. La situación de las masas se torna  desesperante, poniendo cada vez más presión a la situación política y a las salidas de la convención y el nuevo gobierno.

Pero tanto esta como aquel, por la aumento en la resistencia de la derecha, y su propia política desmovilizadora -condición del acuerdo por la paz y la nueva constitución-, que busca entregar garantías de inversión a los grandes capitalistas, terminarán negociando los elementos con aspecto radical de su programa para salvaguardar el sagrado derecho a la propiedad. Con esto, la alternativa de los sectores democratizantes mostrará nuevamente que no es ninguna alternativa real para la clase trabajadora.

De los límites que presentará la convención y el nuevo gobierno esperan beneficiarse no solo la “derecha democrática”, sino también la golpista representada por el Partido Republicano. A esto responde el “camino propio” respecto a Chile Vamos que profesan sus convencionales y parlamentarios -que tras las últimas elecciones aumentaron  de 3 a 14 diputados y un senador-, como también la idea de reforzar su inserción social con el paso de Kast a la presidencia Acción Republicana, su brazo social, esperando asidero en la ruina de la pequeña burguesía y la desorientación política de la clase obrera.  

El movimiento de mujeres

Bajo esta situación se desarrolla el movimiento de mujeres, que, a su vez, es parte de un movimiento internacional que ha develado las paupérrimas condiciones en las que se encuentran las trabajadoras. Víctimas de la explotación capitalista y la violencia política, estas últimas, son también objeto de la violencia sexual y de género, en un marco de crisis donde las contradicciones se agudizan y se expresan en un alza en los casos de violencia. En esto, el movimiento de mujeres adquiere un profundo carácter de clase, en la medida en que sus conquistas solo tienen salida en la perspectiva de la conquista del poder político por la clase obrera.

El movimiento de mujeres que se levanta con las banderas del “Ni una menos” y el “Aborto libre seguro, gratuito y legal” ha presentado una alta cooptación por parte de los sectores del feminismo burgués, y a través de ellos, de los gobiernos y partidos del régimen, desdibujando las demandas más sentidas en pequeñas conquistas de carácter democrático, como, por ejemplo, la paridad de género.

En este sentido, la cooptación de la Coordinadora Feminista 8 de Marzo (CF8M) por el estado, ha llevado a esta a una baja en los últimos años, lo que contrasta con el carácter de masas que aún conserva el movimiento. Con esto, queda en evidencia que lo que saca a las mujeres a la calle no son precisamente sus convocatorias, sino más bien cuan sentidas son las demandas del sector.

A su vez, la cooptación y eventual debilidad de la CF8M plantea a las corrientes clasistas la necesidad de impulsar una lucha abierta por la dirección del movimiento de mujeres, a través de la constitución de un frente único que tenga como objetivo estratégico la toma del poder por la clase obrera.

Si este sector no toma la iniciativa, se correrá el peligro de la total cooptación del movimiento por el futuro gobierno, que se autoproclama como feminista. Intención que se puede observar en la consigna que impulsan este año: “Vamos por la vida que nos deben”, sentando todas las esperanzas de que las conquistas serán arrancadas por medios institucionales. Sin embargo, la lucha no termina ni empieza con el aborto. Vemos el abandono total de una comprensión de clase de las cuestiones de la mujer trabajadora, además de sus métodos históricos de lucha, presente en la banalización total de la huelga como herramienta, donde se hace un llamado pero no se garantiza, y peor aún, se convoca desde el separatismo, alejándolo totalmente de lo que es la huelga, como la paralización de la producción por el conjunto de la clase trabajadora.

Por un programa de las trabajadoras y la clase obrera

Al extravío político que vive el movimiento de mujeres, se vuelve fundamental oponerle un programa independiente, obrero y socialista. Ante el desvío institucional que plantea la izquierda democratizante planteamos la constitución de un Frente Único de lucha y un Congreso del movimiento obrero, que se plantee la lucha por una verdadera Constituyente Libre y Soberana, como instancia de transición a un Gobierno de Trabajadores.

Contra la guerra. Abajo la guerra y los gobiernos capitalistas; por la unidad mundial de la clase obrera, por un gobierno de trabajadores. Fuera la OTAN de todos los países. Por la confraternización de las tropas y los trabajadores de Ucrania y de Rusia. Por el derrocamiento de la dictadura bonapartista de Putin y por la autodeterminación de los pueblos. Por la Unidad Socialista de América Latina y el mundo. Viva la lucha por la refundación de la IV Internacional.

Contra la pandemia, la crisis migratoria y económica. Cuarentenas con pago íntegro de salario. Por la restitución de los IFEs y bonos covid. Por vacunas decretadas como bien público.

Aumento general de salarios y jubilaciones. Protocolos sanitarios discutidos en asambleas de trabajadores y trabajadoras. Prohibición de despidos y suspensiones. Apertura de los libros contables. Expropiación –sin indemnización y bajo control de sus trabajadores- de la gran industria de recursos naturales y de todas las empresas que cierren. Nivelación de sueldos y salarios según la variación del IPC, igual a una canasta familiar (que debiera ser de, al menos, 800 mil pesos). Distribución de horas entre ocupados y cesantes sin afectar el salario. Fin a la subcontratación y pase a planta de todos los trabajadores. Control obrero de la inspección del trabajo.   

Fin a las AFP. Por un sistema previsional único estatal, financiado por los empresarios y bajo control de los trabajadores y jubilados, y pensiones mínimas al nivel de la canasta familiar.

Frente a la bancarrota financiera y la inflación, control de precios por organismos independientes de la clase trabajadora en los barrios. Sueldo de emergencia para cesantes igual a la canasta familiar.

Una rápida obtención de documentos para migrantes. No a la repatriación y a las expulsiones. Derecho a voto universal de todas las personas que habiten el territorio chileno, sin condición de nacionalidad. Por documentación inmediata y gratuita para todos los que soliciten. Por la libre migración. Fin al estado de excepción en la macro zona norte.

Por las reivindicaciones de la mujer trabajadora. Fin a la violencia de género, feminicidios y crímenes de odio LBGTI+. Casas refugio para víctimas de violencia de género, con subsidio estatal y apoyo legal psicológico gratuito.

Extensión de licencias por nacimiento y enfermedad de hijos e hijas. Salas cunas públicas, gratuitas y de calidad en barrios, lugares de trabajo y estudio. Socialización del trabajo doméstico mediante comedores y lavanderías comunitarias. Cobertura estatal para cuidado de personas mayores.

Desmantelamiento de las redes de trata con penas no excarcelables para tratantes y proxenetas. Comisión investigadora independiente para seguir la ruta de mujeres y niños secuestrados. Fin al SENAME, aparición y restitución de niños y niñas a sus familias, y financiamiento estatal para equipos multidiciplinarios.

Educación sexual y anticonceptivos gratuitos. Aborto seguro, legal y gratuito. No a la objeción de conciencia. Separación de la iglesia del Estado.

Por las libertades democráticas. Fin al control de identidad y las detenciones por sospecha. Libertad inmediata e incondicional a los presos políticos. Juicio y castigo a mediante cárcel común a todos los responsables políticos y materiales de las mutilaciones, violaciones y asesinatos cometidos contra la población. Fin del presupuesto público para represión. Desmantelamiento del GOPE, FFEE y Comando Jungla.

Por las reivindicaciones del pueblo-nación mapuche. Expropiación de las tierras ancestrales bajo control de las comunidades. Desmilitarización del Wallmapu. Fin a los estados de excepción. Procesamiento y castigo a los autores intelectuales y materiales de crímenes hacia comuneros y violaciones sistemáticas a los Derechos Humanos. Libertad a los presos políticos mapuche. Expulsión de empresas depredadoras y aplicación del convenio 169 de la OIT.    

 Las tareas inmediatas

Las tareas inmediatas que tienen las socialistas en la lucha por este programa se centran, en primera instancia, en la lucha por la construcción de un gran partido obrero que pueda dirigir al conjunto de la clase. Un partido a nivel nacional, con la influencia y prestigio suficiente para orientar a las trabajadoras en sus objetivos históricos.

Dado el estado fragmentado, atomizado y confuso de las fuerzas políticas obreras en la actualidad, esta construcción no puede desarrollarse sin una labor de agitación, educación y elaboración permanente del marxismo revolucionario, que pueda ir nucleando a los sectores más avanzados de la clase.

Para esto, se hace totalmente imprescindible la lucha por un periódico obrero a nivel nacional que sirva para educar a las obreras y revolucionarias en las ideas socialistas mediante la interpretación de cada uno de los problemas de la situación política. Un periódico que forme también a la militancia en el estudio de todas las materias que conciernen a la clase obrera y que fortalezca cada huelga, cada intervención, a través de la clarificación de sus objetivos y la difusión de sus luchas. Que le permita a las revolucionarias aisladas entrar en contacto las luchas obreras, y a las obreras sin orientación a conocer las experiencias de lucha en todo el país, y la perspectiva socialista para conquistar sus reivindicaciones. Que permita a las organizaciones militantes superar el aparatismo y el aislamiento, detrás de una discusión programática y estratégica, y cree lazos de organización que puedan abarcar todo el territorio nacional. Sobre esta base programática y organizativa, se deberá ir construyendo el partido que la clase necesita, para disputar los asuntos del estado, sacar a la burocracia y las tendencias democratizantes de las direcciones de los sindicatos, y de movimientos como el de mujeres. Solo un trabajo de este tipo auspiciará el desarrollo de corrientes clasistas con influencia al interior del movimiento obrero.