Las elecciones del 21 de noviembre y el voto obrero

Escribe Partido Obrero Revolucionario, 19 de noviembre del 2021

Los próximos comicios se enmarcan en una crisis histórica. La inflación aumenta por la interrupción de las cadenas productivas tras la pandemia, al tiempo que la destrucción industrial, como el caso de la quiebra de la constructora china Evergrande, amenaza con llevarse puesto al sistema económico de conjunto. Estos factores, sumado a la reapertura económica capitalista, agravan la miseria social y profundizan la lucha de clases a nivel internacional.

Para asegurar el urgente tránsito de energías fósiles a renovables –en pos de reducir el calentamiento global en 1,5°-, lejos de cuidar la naturaleza, están en línea con el relanzamiento de la economía capitalista, razón por la cual los diarios financieros anticipan un alza en el barril de crudo hasta los US$120 para el próximo año. Además, la crisis climática a la que nos arrastra el capitalismo se conjuga con crisis humanitarias –como muestran las tensiones bélicas en el Estrecho de Taiwán que incumbe a China, EE.UU, la Unión Europea y Rusia, como las olas migratorias en todo el mundo, o la misma gestión capitalista de la pandemia, etc.-, que ponen a la orden del día nuevos estallidos y rebeliones.

Latinoamérica refleja claramente la catástrofe del capitalismo, y movilizaciones de masas recorren el continente azuzando las crisis políticas país por país. Por caso, el Congreso brasileño acaba de iniciar un juicio político contra Bolsonaro por ofrecer medicación falsa a personas contagiadas, valerse de engaños para evitar su internación hospitalaria, y por haber saboteado la provisión de oxígeno en Manaos, o sea que es juzgado por genocidio.

En Argentina, las últimas elecciones evidenciaron la histórica ruptura de las masas peronistas con el histórico PJ, que perdió la mayoría absoluta en el parlamento y gobiernos en provincias e intendencias estratégicas. El FIT- U, que ha logrado la elección de 4 diputados nacionales, a pesar de su progresiva adaptación al Estado, se presenta como la única alternativa anti patronal a nivel nacional –similar a las variantes de izquierda chilenas que aspiran ser independientes de las patronales y del Estado. Sin embargo, toda la atención consiste en ver cómo reaccionará la clase obrera argentina tras las elecciones, en un escenario explosivo que reporta una espiral inflacionaria, alza del desempleo, y la paralización de la producción y del comercio.

Crisis política y carrera presidencial

Particularmente, estas elecciones tienen cabida en la aguda crisis política que profundizó la rebelión de octubre. Al respecto, las elecciones de este domingo se perfilan como una jugada más de la burguesía y los partidos que sostienen al régimen para intentar cerrar esta bancarrota, garantizar gobernabilidad en el país, y estimular la inversión capitalista. Garantizado por el acuerdo de paz social, Piñera mantuvo su mandato sorteando incluso, la acusación constitucional. Sin embargo, cualquiera sea, el próximo gobierno se verá surcado por una explosión de conflictos –en todos los niveles- que serán centrales en la lucha política. Se pondrá a prueba la capacidad oficial para controlar el mercado de cambios y la inflación. La reactivación económica, que no amortiguará la crisis de pauperización social, sí podría acentuar el crecimiento de precios y abrir nuevas luchas reivindicativas. A contrapelo de la información oficial, la pandemia tampoco ha concluido, y mientras el país entero está recorrido por movilizaciones, la guerra civil contra el pueblo mapuche empeora.

Las elecciones refuerzan, al mismo tiempo, el fraccionamiento de las coaliciones políticas y el rechazo de las masas respecto al sistema institucional en general. Por lo anterior, nuevamente se expresará en altos niveles de abstención, “votos nulos” e incertidumbre electoral. La crisis de los partidos del régimen y sus coaliciones se manifiestan en la incapacidad de la burguesía de mantener su iniciativa estratégica al no poder aplicar a fondo el rescate capitalista, y por no poder contener el avance de la deliberación y la conciencia política de la clase obrera.

En el marco de estas elecciones cada candidato aportará nuevos elementos a la crisis política. Un eventual gobierno de Kast o Sichel defenderá al régimen heredado de la dictadura mediante un estado represivo, mientras que uno de Provoste o Boric intentará consensuar las leyes del mercado y la explotación capitalista con asistencialismo insuficiente –al estilo de la ex concertación.

Por una salida obrera y socialista

Una campaña verdaderamente socialista no puede reducirse a ofrecer una indicación de voto; bajo ninguna circunstancia éste debe diluirse en el mar de corrientes de izquierda que seguramente profundizarán su carácter electoralista. No obstante, es necesario seguir el desarrollo de estas campañas y adoptar una posición respecto del voto. La posición de abstención impide abrir una discusión política porque la misma carece de un programa del cual delimitarse, y de impulsar uno superador; puede entenderse como una apatía general, como un acto de protesta por izquierda, por derecha, o incluso por despolitización.

El apoyo electoral a las variantes de izquierda que confrontan a la burguesía y al Estado va necesariamente de la mano de un debate en función de profundizar la lucha por un programa y un método revolucionario de la clase obrera, planteando la expropiación sin indemnización de la banca, del comercio exterior, de los recursos naturales y de la gran industria; la socialización de los medios de producción bajo control obrero; el reparto de las horas de trabajo entre ocupados y desocupados sin afectar el salario, el cual debería ser definido en asambleas de base tomando en cuenta todas las necesidades materiales; la abolición del secreto comercial y la apertura de los libros contables; un régimen previsional estatal, con cargo exclusivo a los empleadores y bajo control de obreros y jubilados; un sistema único de salud y educación públicas y gratuitas, etc., es decir, señalando las bases programáticas para derribar los pilares del régimen capitalista que están siendo disimulados en el proceso de reforma constitucional actual, y planteando que este programa sólo podría realizarse bajo una Asamblea Constituyente libre y soberana, y ser verdaderamente defendido por un gobierno de trabajadores.

Debido a que la principal dificultad ante las elecciones reside en que la clase obrera no ha desarrollado una autonomía política frente al capital y el Estado, debe votar contra la amenaza fascista y contra los partidos del régimen, representados en las candidaturas de Kast, Sichel, Provoste, Parisi, MEO y Boric. Artés impulsaría una serie de reformas sin base política concreta para aplicar las medidas que propone, viéndose presionado por una economía decadente y por las ilusiones generadas en su programa. Aun así, llama la atención del activismo más politizado, por ser el único que impulsa demandas como el aumento a $600 mil de salario mínimo, No+AFP, la defensa de los puestos de trabajo y de las libertades democráticas, el juicio y castigo, la libertad a las y los presos políticos, y el derecho a la protesta social. Sin embargo, delimitándonos de su programa señalamos que no rechaza el pago de la deuda externa, no promueve la abolición del secreto comercial y la apertura de libros contables, ni la expropiación de la banca y la gran industria bajo control obrero –sino estatal, etc., así como también confunde planteamientos de transición al poder y de poder como tal, promoviendo que una Asamblea Constituyente debería ser convocada por un gobierno de trabajadores, y no al revés, es decir, como puente hacia el poder –convirtiéndolo en un planteamiento reaccionario.

Ante la ausencia de una candidatura política obrera y socialista, el apoyo electoral –no político- a diputados y cores del Frente unidad de los trabajadores que impulsa PTR. por un lado y a Artés por otro, representan un voto defensivo –el cual promovemos. A este ultimo exige de parte de los trabajadores su derecho a combatir las tendencias reaccionarias y a la conciliación de clases en su seno, y a defender su independencia política y programática frente a los límites históricos del estalinismo y el frente popular, abriéndose la oportunidad entonces para explicarlo mediante la deliberación política.

En todo caso, más allá del voto, la coyuntura política devela la necesidad histórica de construir un partido político, obrero y socialista, que promueva un programa socialista internacional de salida a la crisis del capitalismo, de modo que los trabajadores intervengan en la crisis y participen en las contiendas electorales como una fuerza política autónoma e independiente. Para contribuir en esta perspectiva, el partido se debe ir conformando al calor de un profundo debate programático, mediante la coordinación de todas las luchas en curso, en un frente único que trabaje por la realización de un congreso de bases del movimiento obrero.