La crisis de los partidos y el oportunismo de la izquierda plantea una alternativa revolucionaria

Por: Felo y Luciano Newen, 17 de agosto del 2021

Las elecciones primarias del pasado 18 de julio sorprendieron por sus resultados. El Partido Comunista (PC), uno de los pocos partidos fortalecidos con la crisis chilena, revivió a un Frente Amplio (FA) que inclusive, tiempo atrás, peligraba como proyecto político. Gracias al pacto con el PC, Gabriel Boric, protagonista del acuerdo por la paz del gobierno, terminó encabezando Apruebo Dignidad como presidenciable.

Aunque esto fue celebrado por su coalición, con el tiempo se convertiría en descontento abriendo una serie de divergencias políticas en su interior, sobre todo del PC. Si bien los programas políticos de Boric y Jadue son similares y de un carácter nacionalista y democratizante, presentan diferencias sensibles como la libertad de los PP, la anulación de leyes represivas, y la legitimidad del Acuerdo que buscó contener el desenvolvimiento de la rebelión popular. En este respecto, Jadue intentó representar a los sectores populares, mientras que Boric movilizó a los sectores medios y pequeñoburgueses –usando los espacios de clientelismo político heredados de la ex concertación.

El triunfo de Boric impactó al PC y a sus cercanos porque el FA representa una política de conciliación que arrastra a los partidos de la ex concertación bajo un discurso de “integración y tolerancia” –y no defiende realmente las libertades democráticas. Es en línea con lo anterior que denunciamos la visita de Boric a los PP a la cárcel Santiago 1, por ser una maniobra que buscaba profundizar la represión contra los PP y sus familias, pues era obvio un rechazo violento por parte de quienes él mismo había encarcelado. Esta provocación trajo consigo allanamientos nocturnos y maltratos a los PP, al tiempo que un recrudecimiento de la represión policial a estos sectores.

La lejanía de sectores de bases del PC respecto de Boric afecta la cohesión al interior del pacto Apruebo Dignidad. Si bien el PC criticó el Acuerdo por la paz, en la práctica ha desviado las luchas mediante la burocracia sindical que contiene las medidas de fuerza de los trabajadores, y ha usado al parlamento para abstenerse la mayoría de los casos y votar a favor de leyes pro-empresariales como la “ley de protección al empleo”. Así como antes el PC buscó alianzas con coaliciones como el FA, ahora se abre con la Lista del Pueblo (LdP). La promoción de Cristian Cuevas como candidato presidencial de LdP planteaba un eventual apoyo electoral por parte del PC. Mediante Jadue el PC daba “plena libertad de acción” a su militancia de cara a las próximas elecciones, mientas que esta semana el Comité Central define apoyar incondicionalmente a Boric. Esto se resolvió inmediatamente después del escándalo generado producto de que la LdP contabilizara 24 boletas y facturas de familiares directos de los candidatos, o de sus compañeros de lista, incorporadas en sus rendiciones. Mejor diablo conocido que diablo por conocer.

El planteo electoralista del PC, centrado en las “figuras” políticas, oculta el debate programático. Ahora, el PC pretende acercarse a uno que ni siquiera está acabado; LdP no tiene candidato y ni siquiera tiene programa, o al menos la gente no lo conoce. Careciendo de éste, con tiene un plan de lucha y de un planteo de poder; en la fenomenal crisis actual, poco o nada tienen para ofrecer a las masas. En definitiva, el PC, más allá de las críticas al régimen que levantó durante las campañas políticas primarias, sigue adaptado al él. Los comandos electorales de Jadue no crearon ningún tipo de articulación de las demandas populares, y el culto a la personalidad nuevamente vació la campaña de contenido político. Uno de los postulados de la rebelión popular que recogemos fue, de hecho, la necesidad de rechazar esa “tradicional forma de hacer política” burguesa, hoy en franca descomposición. El PC hace mucho abandonó al marxismo y la lucha por el poder, y mucho menos tiene una perspectiva internacionalista.

Pero la crisis entre aliados no solo se da entre la izquierda reformista. Como sabemos, la derecha oficialista apenas logró el triunfo sobre sus contendores. Sichel no dudó en amenazar a sus aliados del parlamento por apoyar la idea de legislar a favor de un 4to retiro del 10% de las AFP para paliar la crisis, y coquetea con fascista Kast abriendo la oportunidad de trabajar juntos en una eventual segunda vuelta. Las diferencias que existen dentro de la derecha siguen siendo en torno a cómo enfrentar el escenario de crisis. Por su parte, en su pacto Unidad Constituyente la ex concertación ha reemplazando al PC por el Partido Liberal. Paula Narváez ha sido levantada por el Partido Socialista (PS), Carlos Maldonado ha surgido como el representante del Partido Radical (PR), y finalmente Yasna Provoste, quien mantuvo su postulación en incógnita hasta hace un par de semanas. Provoste ha sido denunciada por corrupción en caso subvenciones.

En este escenario, donde las fuerzas políticas tradicionales siguen en crisis y se mantienen dentro de los marcos del régimen, los revolucionarios deben responder planteando un programa político acorde con la profundidad de la bancarrota actual. Caracterizamos que gran parte de las organizaciones que se reivindican como revolucionarias no cuentan con un programa definido y actúan a la cola de los acontecimientos, cayendo en la adaptación y el oportunismo sin principios. Para justificar esta ausencia y negarse al desarrollo de un programa revolucionario, la izquierda hace alusión al “atraso político de las masas”, ya que “no estarían preparadas” para escuchar tal o cual propuesta y, por tanto, de fortalecer su lucha y organización para enfrentar la crisis capitalista y los excesos del régimen. Creemos que no es así. La izquierda crece y se fortalece, la rebelión popular puja desde abajo, y se desarrollan variadas luchas de resistencia obrera –en un cuadro de fuerte actividad por las libertades democráticas.

La crisis estructural y de legitimidad del régimen, y la ausencia de un programa socialista, pone en perspectiva la convocatoria a un Congreso de bases de trabajadores que pueda unir las luchas mediante el desarrollo de asambleas y comités, de elección de delegados revocables, y el emplazamiento a las centrales sindicales a convocar y preparar la huelga general. También, la profundidad de la crisis actual plantea la construcción de un fuerte partido obrero que explique las tareas que exige el programa revolucionario.

Llamamos a las bases del PC y a la izquierda que promueve el frente anticapitalista a discutir la expropiación de los grandes capitales, la banca, las AFP y los recursos naturales, sin indemnización, para producir y distribuir bajo control obrero, de manera planificada y con pleno cuidado de la naturaleza. Este debate programático debe apuntar a crear un Frente Único para unificar y articular las luchas actuales y las que están por venir. Por su misma naturaleza de clase, este programa se levanta como anticapitalista, dejando de manera explícita las reivindicaciones de transición al poder.

Levantemos un planteo socialista para atraer más y más trabajadores a esta perspectiva. Es necesario organizar todas las demandas para elevar el nivel de conciencia de los trabajadores, y conquistar no sólo los derechos arrebatados, sino todos los reclamos postergados. Que la crisis la paguen los capitalistas.

Fuera Piñera

Asamblea Constituyente libre y soberana

Por un gobierno de trabajadores