Debate PTR-POR: ante el colapso capitalista, impulsemos un programa obrero y socialista

Escribe Equipo de redacción POR, 29 de agosto del 2021

Se ha iniciado un proceso de debates políticos y programáticos con los compañeros del PTR, realizándose hasta el momento dos reuniones con miembros de cada organización, con la perspectiva de ampliar el debate al conjunto de la militancia y otras organizaciones de izquierda revolucionaria de Chile. Se toman como ejes de discusión los documentos publicados en las plataformas donde cada organización difunde y convoca a sus campañas; en cuanto a los compañeros del PTR, en relación a la conformación del frente anticapitalista (FAC en adelante) para intervenir en las elecciones, y en cuanto al POR, a desarrollar un frente único hacia el congreso de bases del movimiento obrero y por una asamblea constituyente libre y soberana.

La necesidad de una posición frente al colapso capitalista y la crisis humanitaria

En relación al llamamiento de la conformación del FAC publicado en el documento de las resoluciones del VI congreso del PTR (aquí), y la declaración programática “Nace el Frente por la unidad de la clase trabajadora” (aquí), desde el POR vemos la necesidad, por un lado, de realizar una caracterización del colapso capitalista, que alcanza niveles catastróficos, expresada en la imparable crisis financiera y en los rescates económicos estatales que los gobiernos descargan sobre la clase obrera con políticas de ajustes -profundizando el periodo actual de guerras y revoluciones a escala mundial. Por otro lado, de situar como eje la crisis humanitaria provocada por la gestión capitalista de la pandemia y la destrucción ambiental, que genera una crisis climática que alcanza límites de no retorno. Para dotarnos de una salida programática de la clase obrera y un frente de izquierda, remarcamos la importancia de elevar el análisis de conjunto y plantear una orientación política y programática, con una estrategia de lucha por el poder.

En este marco, podemos caracterizar que, a nivel nacional, la crisis capitalista golpea con depredación ambiental y zonas de sacrificio; con un serio proceso de desindustrialización, cierres de empresa, destrucción masiva de los puestos de trabajo, flexibilización y subcontrato, y niveles de pobreza que alcanzan al 40% de la población. La omisión de este cuadro anula las huelgas en curso y el auge de las masivas movilizaciones contra mega proyectos como Dominga, que plantean como central para el actual periodo una agitación sistemática por la expropiación de los recursos naturales, de la banca, del comercio exterior y las AFP (sin indemnización) en pos de la reindustrialización del país, bajo control obrero, para el aumento de empleos, salarios y jubilaciones.

Por otro lado, en el documento del PTR se habla de recuperación económica post-pandémica, aun cuando el peligroso desenvolvimiento que han tenido las nuevas variantes del virus como las Delta agravan la situación en Europa y Asia, y amenazan con nuevas cuarentenas. Sin ir más lejos, la caída de los precios del cobre está directamente relacionada con el cierre del principal puerto chino por una ola de contagios con esta variante. La pandemia no pude ser separada del derrumbe económico. Caracterizamos que la burguesía se encuentra desesperada para retornar a la “normalidad” capitalista.

El intento de reordenamiento electoral y los límites de la convención constituyente

Sostenemos que la particularidad de las próximas elecciones consiste en que los partidos del régimen buscan centrar y dirimir en ellas la cuestión del poder –y no en la Convención-, pretendiendo con esto “sellar” la crisis política, con el objetivo de que el próximo gobierno pueda pilotear el proceso de reforma constitucional bajo los marcos del acuerdo por la paz de Piñera sin mayores contratiempos. Es en este sentido que apunta el proyecto de ley promovido por RN que pretende someter el reglamento de la Convención Constituyente a la revisión del Tribunal Constitucional. De todos modos, la burguesía apuntala al aparato del Estado y buscará profundizar su política de rescates y ajustes por medio del alza de impuestos, de aumento de la deuda pública con el capital financiero, pero sobre todo a través de grandes atentados contra las condiciones de vida, trabajo y salario, agitando a las bases trabajadoras. El aumento de gasto fiscal estará orientado a paliar el impacto de la crisis con ayudas estatales miserables y en pos del financiamiento capitalista bajo la forma de subsidios, lejos de constituir una salida a la crisis. Se suma a que, durante todo el proceso constitucional, no dejará de golpear la represión y de extenderse las leyes de criminalización de la protesta. Alertamos sobre esto promoviendo un reagrupamiento efectivo de las luchas de resistencia y de los sectores de vanguardia, para que la clase obrera intervenga en la crisis política con independencia de los partidos del régimen y del Estado.

Cuando la bancarrota capitalista golpea con fuerza inusitada, o sea cuando más se debiera defender y promover esta perspectiva, casi dos meses de iniciada la CC basta para confirmar nuestra caracterización de que es un apéndice del Estado y que, en completa desconexión con las demandas urgentes de los trabajadores y desocupados, está lejos de vincularse al movimiento obrero. Es que, aun cuando la CC se plantea como factor de desenvolvimiento de la crisis política, no hay ningún esfuerzo por promover esto por parte de los convencionales de izquierda, perdiendo toda la independencia política real que pregonan. Reiteramos que ningún partido del régimen votaría para que la CC presida el país, porque implicaría la destitución del gobierno de Piñera, la revocatoria de los poderes del Estado, y la instauración de una asamblea constituyente libre y soberana. De hecho, el sistema de partidos sostiene a Piñera en función de esto. Por eso pensamos que la “teoría del desborde” de la CC para transformarla en soberana siembra ilusiones en los marcos del sistema porque una asamblea constituyente libre y soberana para reorganizar el país sobre bases socialistas sólo puede ser convocada por el conjunto de la clase obrera y sus organizaciones, mediante la extensión de su movilización política y su programa.

Dicho de otra manera, para nosotros el proceso actual no se trata de cambiar la Constitución, sino de remover las bases sociales del régimen capitalista. Bloquear este desarrollo es el espíritu del acuerdo por la paz de Piñera y del próximo gobierno que de hecho heredará una crisis social peor de la que enfrenta Piñera. Perdure o no el coronavirus y sus variantes, las tendencias a la rebelión popular, que están presentes, estallarán en variados conflictos –y arrojará a las masas nuevamente a las calles. Hay que prepararse para ese momento. La tarea de las organizaciones revolucionarias no es, como podría decirse, “acompañar la experiencia de las masas”, sino desnudar y clarificar en todo momento el carácter capitalista del Estado y sus instituciones como la Convención.

Se profundiza el periodo de luchas de resistencia, planteando el frente único y congreso de bases

La seguidilla de huelgas y movilizaciones por las libertades democráticas y ambientales son luchas defensivas porque, por un lado, buscan preservar derechos adquiridos, o sea las conquistas más elementales de los trabajadores, y por otro, defienden la naturaleza y la vida. Sobre todo las huelgas, deben lidiar con la contención política y programática de una burocracia sindical asociada con los empresarios y el Estado. Es por tanto actual la tarea de articular estas luchas aisladas y dotarlas de un programa obrero y socialista. Dicho de otro modo, no esperar a “que la lista del pueblo se niegue a votar a favor del pueblo para apelar a la movilización popular” (sic), sino promover en todo momento el plan de acción, que es el programa, en pos de la movilización política de los trabajadores. Nuestra campaña de agitación por un congreso de bases se desprende de esta caracterización, ya que plantea la necesidad de discutir un programa recuperar los sindicatos y centrales burocráticas para preparar la huelga general, y defender la consigna del Fuera Piñera y los partidos del régimen por una asamblea constituyente libre y soberana; es decir, avanzar hacia el Frente único de lucha con este planteo.

El PTR mediante el FAC se propone ser una “alternativa electoral para los trabajadores” (sic). Pensamos, en cambio, que de lo que se trata es que las organizaciones de la izquierda revolucionaria contribuyan en la lucha electoral y no electoral, a que sean los propios trabajadores quienes se conciban como alternativa de poder. Los compañeros nuevamente sostienen que “prima el reflujo y el desvío electoral”, que “hay una coyuntura de baja lucha de clases”, y que “hay que preparar las condiciones para los momentos de mayor ascenso”. Esta caracterización es la base que fundamenta la táctica de capitalizar la lucha en el plano electoral, y que por tanto la contundencia política, programática y la movilización serian factibles “cuando hayan condiciones más favorables”. Es el mismo errado pronóstico que realizaron en 2019 tras el paro portuario de Valparaíso que duró más de un mes (aquí), y apenas dos semanas antes de que estallara la rebelión popular que sacudió al país (aquí).

En este aspecto, señalamos que un reflujo no necesariamente anula las tendencias de la rebelión popular, ya que la lucha de clases se encuentra agudizada en el marco de la crisis del régimen. El concepto de iniciativa estratégica está relacionado a este análisis, y tiene que ver no con las condiciones de determinado país, sino en su alcance mundial, como sistema. Cuando se habla de la perdida de la iniciativa estratégica de la burguesía, entendemos por ésta a la incapacidad de implementar políticas progresivas para la clase obrera. La bancarrota que insistimos en señalar, es irrecuperable. La acumulación de capital, por medio de políticas de ajustes a las conquistas de los trabajadores, entra en choque con sus propias luchas de resistencia. Colombia es una manifestación de esto. Ante periodos de reflujo, una reforma fiscal y de salud generó levantamientos masivos, y debieron ser suspendidas. A nivel nacional, con más de 36 mil muertes por covid en el país, la crisis potenciada por la pandemia ha desatado un reguero de luchas obreras. Por su parte, el activismo se consolida en la lucha por las libertades democráticas y las movilizaciones en defensa del medio ambiente se extienden por todo el país. Además de la crisis jubilatoria y el desempleo, que seguro parirá un gran movimiento de desocupados, se aproximan nuevos combates en el campo de la salud y la docencia por las consecuencias de la reactivación capitalista y sus medidas, y para qué decir en mineras, fábricas y puertos contra el subcontrato y frente al chaleco de fuerza que impone la burocracia sindical.

En síntesis, a donde quiera que nos situemos en el plano internacional, la burguesía y sus gobiernos se ven dificultados para desenvolver sus iniciativas, ya sea por sus propias contradicciones, ya sea por el cuadro de movilización creciente. Se trata entonces que, frente a las lecturas conservadoras de una izquierda que se aleja de la clase obrera y carece de una orientación política, tomemos la iniciativa estratégica. Cuando todo se reduce al “movimiento”, el papel del partido se diluye y deja de cumplir el rol que de hecho fundamenta su existencia y perspectiva como partido revolucionario: orientar a la clase obrera hacia el poder, lo cual plantea un gran esfuerzo militante en la lucha por la reconstrucción de la IV Internacional.

Las consignas del programa de transición

Para superar los armados meramente electorales que impliquen conformación de frentes oportunistas, es importante tomar las experiencias de otros frentes como Lista del Pueblo donde el apuro electoral y la ausencia de debates políticos, acuerdos y de votación de lineamientos programáticos, marginaron a las tendencias más combativas, primando entre sus miembros el acuerdo oportunista. A la vez, balancear la experiencia argentina con el FIT-U que llevó a este frente a una adaptación parlamentaria sucumbiendo ante las presiones sociales más atrasadas, por especulaciones electorales. Analizar, por ejemplo, la expulsión por parte del PO oficial, miembro del FIT-U, de 1300 militantes por conformar una tendencia, Política Obrera, que expresaba diferencias políticas en torno a la caracterización, programa y orientación que estaba adoptando el frente, y del que por añadidura también fue expulsada. El acuerdo sin principios de este frente lo demuestra su voto a favor del proyecto que “permitía” toda clase de críticas al Estado de Israel, pero no por ser sionista y verdugo del pueblo palestino; o a favor de los negocios inmobiliarios en Boedo; o al presupuesto fiscal 2020 y, después, a la enajenación de predios del Estado mediante la privatización del patrimonio público, entre otros proyectos. Esta experiencia no debe trasladarse mecánicamente al país, sino asimilarse en clave internacionalista al calor del debate programático.

Reivindicamos la vigencia del programa de transición. En ese sentido, el análisis y debate en torno a las consignas planteadas en las plataformas electorales son fundamentales para que toda la militancia que se proponga formar parte de un frente único, para trascender los límites electoralistas. Este programa debe explicar la inviabilidad del régimen en desmoronamiento de poder superar la barbarie social que nos impone, y la necesidad de que la clase obrera gobierne. Debe darse un profundo debate, tomando la situación política de conjunto. La adecuación, selección, suspensión o descarte de alguno de estos planteos, contrarían esta perspectiva.

Para orientar la lucha de los trabajadores, nos interesa abrir esta discusión pública sobre la base de una mesa de debate en pos de una intervención programática común en los frentes donde luchamos conjuntamente, y en los nuevos conflictos que se abren y que requieren de nuestra permanente presencia política. Más allá del apoyo electoral (como fue hacia el PTR en las elecciones de convencionales por nuestra parte), avancemos hacia el frente único de lucha. Promovemos entonces la necesidad de dotarnos de instancias de debate del conjunto de la militancia de las fuerzas que las compongan, por medio de elaboración e intercambio de documentos que podrían publicarse en nuestras plataformas de agitación, en boletines internos y jornadas de encuentro para deliberar y votarlas.

Fuera Piñera y los partidos del régimen, huelga general, Asamblea constituyente libre y soberana, por un gobierno obrero y socialista

Saludos revolucionarios

Equipo de redacción del POR