Chile: reguero de luchas obreras

Por: Partido Obrero Revolucionario, 6 de agosto 2021

La gestión capitalista de la pandemia golpea fuertemente a los trabajadores, atentando contra las condiciones de vida, de salud y de trabajo a niveles insoportables. En el plano de la salud, ha producido más de 35 mil muertes por Covid en el país, volviéndola una crisis humanitaria donde se han privilegiado las ganancias capitalistas, por un lado, y que ha empujado a los trabajadores de muchos sectores emprender medidas de fuerza, por otro.

Con un rápido desconfinamiento justificado por la vacunación masiva, el gobierno empuja el retorno a la normalidad capitalista impulsando medidas como el retorno a clases presenciales totales para restar responsabilidad al Estado en la crisis, y naturalizar que los trabajadores convivan con el virus y sus variantes, proyectando nuevas cuarentenas y un próximo colapso -que sacudirá al personal docente y reavivará al de salud.

Lo anterior potencia el cuadro de crisis política, o sea de poder, que lejos está de agotarse. Los partidos del régimen quisieran sellarla con las elecciones, centrando y dirimir aquí la cuestión del poder planteada por la rebelión popular, y no en la Convención Constitucional. Pero, lejos de agotarla, al igual que el proceso constitucional, las elecciones serán factores de su propio desenvolvimiento. En medio de una inflación generalizada, cualquiera de los programas en contienda contemplará un aumento de gasto público, y con ello la necesidad de incrementar la recaudación fiscal, e inclusive profundizar la deuda pública con el capital financiero –que supera el 80% del PBI. La burguesía buscará que esto lo pague la clase obrera mediante todo tipo de excesos, mientras debate en el parlamento mínimas ayudas sociales –como el IFE- y reformas impositivas inofensivas a los capitalistas. Por eso, caracterizamos que, cualquiera sea la coalición vencedora, ningún partido dará una salida favorable a los trabajadores; más aún, la crisis será mayor, sea o no un gobierno de izquierda.

Ahora bien, cuando más se requiere orientar a la clase obrera con un programa, la Convención está atrapada en cuestiones formales y estatutarias. La elección de Jorge Arancibia, un ex edecán de Pinochet como miembro de la Comisión de DD.HH, además de ser una fuerte provocación de la derecha, está en línea con esto, porque ahora se tratará de sacarlo. Esto no despierta ningún interés en las amplias masas. La ausencia de un programa obrero y socialista y de un plan de acción de los trabajadores, queda en evidencia y fortalece este impasse normativo.

Electoralmente, en medio de una crisis social tan colosal como la actual, no hay registro de que la masividad de candidaturas a los más diversos cargos se estrellara tan fuertemente con la ausencia de contenido programático y con planteos tan “lavados” por parte de la izquierda. Por su parte, la derrota del PC ante el FA, aun cuando sus programas eran similares, es tomada aisladamente y no en el cuadro de la situación de conjunto. El PC sacó más votos que la derecha, instalándose como “la tercera fuerza” política. Sin embargo, hay malestar en sectores de su militancia de bases por su alianza con el FA, porque equivale a una con los partidos de la ex concertación. La predominancia de una “línea única” al interior del PC se rompe, acelerando un eventual quiebre con Apruebo Dignidad, y provocando un acercamiento a Lista de Pueblo que no prosperará –lanzándolo al aislamiento y desmoralizando a un más a su militancia. Apruebo Dignidad no tiene nada serio que ofrecer a los trabajadores.  

La contrapartida de todo esto es el reguero de huelgas y luchas obreras recorre el país, en el marco de una fuerte lucha del activismo por las libertades democráticas. Además del desempleo, la quiebra de pequeños comerciantes y la fenomenal crisis de vivienda, la lucha contra el subcontrato y por el pago de bonos y haberes se encuentran a la orden del día, debido a una ofensiva generalizada de los capitalistas contra las condiciones de trabajo, y la precaria asistencia social por parte del Estado. Es el caso de los subcontratados de Eulen, en Metro, a quienes se les han negado bonos y, mediante anexos, son obligados a renunciar para no pagarles los finiquitos. O el caso de los trabajadores de la imprenta Ártica, que reclaman bonos y reducción de la jornada laboral días de festejo, entre otros puntos. La lucha también se da en los municipios gobernados por la corrupción, malversación de fondos y robo de dineros municipales en desmedro de los trabajadores, como en Maipú. Cuando el gobierno y el parlamento reconoce solo a los armadores para el bono Pyme, su no pago también golpea a los pescadores artesanales, quienes además en muchas caletas y puertos reclaman acabar con el impuesto específico a los combustibles, insoportablemente caros, por el fin de la pesca de arrastre que barre con los recursos naturales y destruye el lecho marino, y el bono Covid. Por su parte, los obreros de planta y subcontratados de Inchape en BMW, denuncian suspensiones de trabajadores sindicalizados –obligándolos a sobrevivir con sus propios ahorros de cesantía y fondos previsionales mediante retiro de las AFP, mientras contrata a otros trabajadores y las cuarentenas no existen. En Unimarc, golpea el cierre de locales y los trabajadores luchan por recuperar sus puestos de trabajo y la normalidad en sus turnos. Los subcontratados de Provider, que terceriza para Enel y Aguas Andinas, exigen aumento de salario, la incorporación de los trabajadores de Enel al convenio colectivo, y el fin al subcontrato. En el norte irrumpen los mineros y la lucha en defensa del medio ambiente y contra las zonas de sacrificio se extiende.

Sin embargo, aun rodeados por gestos de solidaridad, los enérgicos conflictos están aislados y dispersos, y en muchos casos dirigidos por una burocracia que actúa como chaleco de fuerza contra el desarrollo de la lucha. Los partidos y las organizaciones de la izquierda tampoco orientan los conflictos. Debemos superar estas limitaciones orientando las negociaciones colectivas y coordinando las huelgas y las medidas de fuerza que se están desarrollando en el país, en torno a un programa que contemple el debate en torno a un aumento general de salarios y jubilaciones; por expropiaciones a la gran industria, puertos, bancos, salud, educación y vivienda privadas y a las AFPs, sin indemnización, y bajo control obrero; por el fin al subcontrato y a la flexibilización y por el pase a planta de todos los trabajadores; por el no pago de la deuda pública al capital financiero, por inmediato aumento de salarios y jubilaciones, triplicación del IFE con cargo a los capitalistas, el fin al Código Laboral pinochetista –entre todas las otras urgentes medidas.

Para dotar las luchas obreras con un programa y ganar todos los conflictos promovamos la sindicalización de los trabajadores para fortalecer los sindicatos existentes mediante la deliberación democrática y amplia en asambleas y reagupamientos. Formemos comités de lucha ahí donde no puedan construirse sindicatos y donde éstos estén en manos de la burocracia. Para articular estas organizaciones pongamos en perspectiva un Congreso de bases del movimiento obrero, para concentrar la lucha por recuperar los sindicatos y centrales que se encuentran en manos de la burocracia, y que ponga sobre la palestra política su propio programa y métodos, emplazando a las centrales a convocar la huelga general para la conquista de todos los reclamos –manteniendo en todo momento la independencia política. La lucha de resistencia de los trabajadores será invencible si desarrollamos esta perspectiva.

Que la defensa de las libertades democráticas que impulsa el activismo sea la base para vincularla con un programa y un plan de acción que apunte hacia el movimiento obrero, para que con su movilización liberemos inmediata e incondicionalmente a los PP, desmilitaricemos los territorios, se repare a las víctimas de la represión, y se desmantele a las fuerzas represivas. Que los revolucionarios impulsemos un fuerte debate programático en pos de un frente único de lucha por un congreso de bases, para que los trabajadores intervengan en la crisis política con un programa, una estrategia y un planteo de poder. Que la crisis la paguen los capitalistas. Vivan las huelgas y todas las medidas de fuerza.

Fuera Piñera, Asamblea Constituyente libre y soberana.
Por un programa, un partido, y un gobierno obrero y socialista.