Boric-Kast: la crisis de poder lejos de concluir

Escribe equipo de redacción, 11 de noviembre del 2021

Todos los partidos del régimen quisieran concluir la crisis chilena conjugando las elecciones con el proceso de reforma constitucional, y enfrentar una transición política lo más ordenada posible y que menos altere al régimen chileno, para reactivar la economía capitalista tras la rebelión popular y los embates de la pandemia.

Habiendo asegurado casi por completo el mandato de Piñera, tanto la 3ra acusación constitucional que enfrenta por evadir impuestos en paraísos fiscales, levantada por la oposición, como el 4 retiro de las AFP, y la Ley del Indulto –todos condicionantes de los comicios y del debate en la CC-, serán trasladados para después del 21 de noviembre. Ante la ausencia de una dirección revolucionaria que orientara a los trabajadores en su lucha por el poder, y de verse impotentes de revocar los poderes del Estado y de instaurar una Asamblea Constituyente, los partidos encauzaron esta nueva acusación por la vía institucional, custodiando al régimen ante la cuestión del poder planteada desde el 18 de octubre-2019. Por esto, la crisis chilena está lejos de concluir.

Para enfrentar la crisis capitalista, la burguesía y los partidos oficiales necesitan afirmarse en el poder. Aun estando en el gobierno y en la CC, heredarán una bancarrota agravada por la pandemia. Esto exige atentar contra conquistas históricas de los trabajadores, y sus condiciones de vida y salario. El ajuste presupuestario a los niveles pre-pandémicos, la flexibilización en el trabajo, la precariedad de las condiciones laborales, y las amenazas y represión lo demuestran. Por eso, la idea de disminuirlo, al tiempo que extenderlo para Carabineros –como el aumento de 20% de gratificaciones GOPE y 30% FF.EE-, hay que oponer la duplicación de presupuesto para salud, educación, vivienda, cultura, y sobre todo para reindustrializar el país bajo el control obrero.

La crisis política debilita a los partidos oficiales al extremo, y las fuerzas de conciliación de clases configuran una coalición que perfectamente podría encabezar Boric compartiendo gabinete con todos. En todo caso, comienza a aceptarse la idea de una segunda vuelta entre él y Kast.

Respecto a la lucha mapuche, Kast continúa y profundiza a Piñera, mientras que Boric con su propuesta de “diálogo” continúa y profundiza a la ex concertación. En la otra vereda, coherente con haber criminalizado a los luchadores y negado la existencia de presos políticos mapuche, Boric evita el debate y se limita a proponer la “autodeterminación” a, lo ´socialismo del siglo XXI´, o sea con los límites que imponga el Estado. El denominado “conflicto en la Araucanía” que pregonan unos u otros, sin embargo, no es ni más ni menos que una verdadera guerra civil declarada contra el pueblo mapuche (ver más en este documento anexo).

Organizarse y votar discutiendo un programa y luchando por una Asamblea Constituyente

Cada vez más derechistas promueven al fascista Kast que, en desmedro de Sichel por derecha, es inflado en encuestas buscan manipular la “opinión pública”. Kast representa a la reacción política, o sea a las tentativas golpistas que anidan en el seno de una burguesía ultra reaccionaria como la chilena, y es por la que se inclina el imperialismo a costa de un Sichel que absorbe las denuncias contra la gestión de Piñera. Aunque no tumbada, la (ultra)derecha viene sufriendo consecutivos embates a nivel nacional e internacional –como son los casos de Piñera, Trump y Bolsonaro. Además, las luchas y la izquierda clasista en el país se extienden, y una nueva generación de activistas y dirigentes obreros y de la juventud busca coordinarse.

La variante de una victoria de Kast  plantearía la disolución de la Convención –policial, si ésta ha de resistirse-, como propuso uno de los ´diputables´ del Partido Republicano, reanimando la rebelión popular. Cuando la transición política actual consiste en acabar con el legado de Pinochet, es imposible que volver a la dictadura de facto con Kast no sacuda los cimientos de la sociedad chilena. Debemos repudiar a Kast y su programa misógino, anti obrero y anti mapuche.

De todas las candidaturas, la de Artés es la que más llama la atención del activismo más politizado, porque su discurso radical intenta reflejar el ímpetu de la rebelión popular. De todos modos, aunque cualquier apoyo electoral a Artés requiere de debate y delimitación programáticos, la situación exige referenciar el voto de los trabajadores ahí donde puedan permitirse desenvolver la deliberación política y programática de los trabajadores. Exigir esto a Artés es obligatorio, además, para alertar que su programa se referencia en la UP, que pavimentó el camino a la contrarrevolución y al golpismo.

Ante una segunda vuelta, el desarrollo de un programa de la clase obrera es garantía para afrontar la extorción del régimen ante sus dos variantes. Frente a Kast, los ´frente populistas´ se pasarán a la vereda de Boric, planteando un gobierno de coalición que, tal y como han hecho sus partidos bajo Piñera, no confrontará a la derecha. Más aun, Boric firmó el acuerdo por la paz del gobierno, aprobó sus leyes represivas y es cómplice del recorte presupuestario.

Las elecciones son un factor de deliberación y de crisis políticas, y los trabajadores deben intervenir en ellas con una posición, un programa independiente. Promover esta inquietud entre los trabajadores implica clarificar la necesidad de una Asamblea Constituyente libre y soberana, o sea de alcanzar este grado de deliberación política y de organización, en pos de un gobierno de trabajadores. En este respecto, el debate sobre la CC debe servir no para reivindicar un mero cambio constitucional, sino para comenzar a reorganizar el país sobre bases socialistas. Este planteamiento de poder muestra que un programa de transición no es realizable dentro del régimen actual, al tiempo que promueve la lucha socialista internacional.