Ante el rechazo de la despenalización: Aborto libre, seguro, gratuito y legal ¡YA!

Por: Camila Millaray, 12 de agosto 2021

La profundización de la crisis económica producto de la pandemia no sólo ha venido a develar la precarización de la vida del conjunto de la clase trabajadora, la ausencia de derechos sexuales y reproductivos de las mujeres. La lucha por el aborto libre, seguro, gratuito y legal es una demanda histórica del movimiento de mujeres y pone de relieve las contradicciones de clase que encierra su debate. Por un lado, los sectores oposicionistas sostienen posiciones moralistas y conservadoras, porque abortan en clínicas privadas. Por otro lado, las mujeres trabajadoras defendemos la conquista del aborto legal, como una reivindicación democrática por la defensa de la vida, salud y nuestro derecho a decidir.

La despenalización

El proyecto de despenalización del aborto presentado por diputadas del FA y NM en la comisión de ”Mujeres y Equidad de género” de Diputados, se encontraba hace varios meses bajo la mesa.  Finalmente, durante la jornada del 9 de agosto, con 6 votos a favor y 7 en contra, rechazó el proyecto de legislar la despenalización hasta las 14 semanas de gestación –impulsado por parlamentarias de Chile Vamos y la DC.

La despenalización fue planteada para modificar el código penal actual, que considera un delito la realización de un aborto castigando con penas que van de 3 a 5 años de cárcel. Ya en el 2017, el movimiento de mujeres chilenas le habíamos dado el primer “revés” al código penal, logrando “las 3 causales” de interrupción voluntaria del embarazo; en caso de violación, riesgo de salud e inviabilidad del feto. Sin embargo, como nuestra exigencia es el aborto libre, seguro, gratuito y legal, con las 3 causales se intentó cooptar al movimiento de mujeres por parte del Estado. Sin embargo, no ha sido posible frenar el impulso por la conquista del aborto legal, siendo un camino la lucha por la despenalización, pero no un fin.                 

Aborto libre,  seguro, gratuito y legal para no morir

Según la oficina del sur regional de las Naciones Unidas, los abortos clandestinos causan unas 47.000 mil muertes al año, mientras que otros 5 millones sufren algún tipo de discapacidad. En el caso de Chile, el Ministerio de Salud indicó que en el año 2016  se realizaron entre 60 mil y 300 mil abortos inseguros, posicionando estas cifras como la cuarta causa “de muerte materna” con un 13% entre los años 2000 y 2015. Esto devela la gravedad de la clandestinidad del aborto y de la urgencia de poder legislar en los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres trabajadoras.

La desprotección del Estado capitalista contra las mujeres y el conjunto de la clase trabajadora tiene data histórica, pero que producto de la pandemia han pauperizado aún más las condiciones materiales y de vida. Aumentó la violencia intrafamiliar y femicidios producto de hacinamientos en cuarentenas, y creció la cesantía y la precarización de la vida de la primera línea feminizada en los distintos lugares de trabajo. Esta violencia se expresa también en el desamparo estatal frente a la crisis habitacional, donde las mujeres en las poblaciones son arrancadas de sus viviendas y extienden las tomas de terrenos en el país. Asimismo se expresa en la desprotección de las mismas “3 causales”, donde el factor de la objeción de conciencia ha generado que más de la mitad de los doctores se hayan declarado objetores en el servicio público.  La situación, sin duda, es crítica.

Por una organización independiente frente al Estado y la iglesia

El rechazo a legislar la despenalización proviene, de una parte, del negacionismo y la complicidad política con el negocio y la especulación que hay detrás de la clandestinidad del aborto por parte de los sectores reaccionarios y conservadores de la derecha y la DC. De otra parte, de la ausencia de la presión de las calles como un factor central para la conquista de nuestras reivindicaciones. Acá, el problema es que las direcciones del movimiento de mujeres no han logrado vincular la profundización de la crisis con la pauperización de la vida de las mujeres trabajadoras, y con ello el despliegue de un programa de clase y un plan de lucha que deje de ser meramente declarativo, o sea porque no lucha para preparar la huelga general en vinculación con el conjunto de las reivindicaciones de la clase trabajadora.

Debemos encarar un claro pronunciamiento político en pos de la defensa del aborto libre, seguro, gratuito y legal, que no quede sólo en la discusión de la despenalización. Aunque ésta es un avance, debe ser un factor que debe salir de los parámetros legislativo, pues quienes debemos plantear el debate somos las mujeres organizadas en las calle en torno al conjunto de reivindicaciones de la clase obrera.

El pulso que han venido marcando nuestras compañeras de Argentina, Polonia –y otros países que han avanzado y arrancado estas demandas- han generado eco en el movimiento de mujeres en nuestro país, planteándose el debate, la articulación y la movilización. Este planteo debe atravesar transversalmente a toda la clase trabajadora con la realización de asambleas y planes de lucha en los lugares de estudio, barrios y centros de trabajo, y mantener su independencia política respecto del Estado, la iglesia y los partidos del régimen.

Llamamos a fortalecer y masificar la corriente clasista de trabajadoras en el movimiento de mujeres actualmente dirigido por el feminismo pequeñoburgués, por nuestros derechos sexuales y reproductivos, por un plan y acceso a la Educación Sexual Integral. Por el derecho a decir. Por el fin de la violencia a las mujeres, por la defensa del trabajo y salario, y por la conquista del aborto libre, seguro, gratuito y legal. Vamos por un congreso de bases de trabajadores y trabajadoras y por la huelga general.

Por una Asamblea Constituyente libre y soberana y por un gobierno de los y las trabajadoras.